27/07/2025
Hace unos días tuve el placer de visitar Bélgica y descubrir algunas de sus ciudades más emblemáticas: Bruselas, Amberes, Gante y Brujas. Cada una con su propia personalidad, pero todas con un encanto común: la riqueza arquitectónica que te envuelve en cada calle, en cada plaza, en cada rincón.
Bruselas me recibió con su energía vibrante, su mezcla de culturas y su imponente Grand Place, que parece brillar incluso en los días nublados. Amberes, con su aire más alternativo, me sorprendió con sus callejuelas llenas de diseño, arte y moda.
Gante fue una joya inesperada: joven, animada y profundamente mágica al atardecer, cuando sus edificios medievales se reflejan en los canales. Y qué decir de Brujas... un auténtico cuento de hadas. Pasear por sus calles empedradas es como retroceder en el tiempo, perderse y encontrarse una y otra vez.
Visité algunos de sus restaurantes, lugares donde no solo se come bien, sino que también se respira diseño. Espacios con un interiorismo exquisito, donde cada objeto parecía estar colocado con intención, cada lámpara contaba una historia y cada textura invitaba a quedarse un rato más.
Más allá de la comida —que, por cierto, fue deliciosa—, fue toda una experiencia sensorial. Desde cafés íntimos con luz cálida y madera natural hasta salones modernos con toques industriales y arte en las paredes. Me encantó ver cómo el diseño interior dialoga con la historia y el carácter de cada ciudad.