19/03/2026
Tyler el Creador, más que de discos universos, contrapuestos entre sí y brillantes por las narrativas visuales que dotan a cada disco de una identidad única e irrepetible.
IGOR (2019):
Para muchos, el mejor disco de Tyler, The Creator, o al menos el más entrañable. Aquí nos cuenta la historia de un triángulo amoroso en el que se ve envuelto, recordándonos que, como toda historia de amor, es fácil entrar pero difícil salir. A través de la narrativa del álbum, desglosa cada etapa de este proceso emocional, detallando sus altibajos hasta cerrar con la pregunta “Are We Still Friends?” ¿Seguimos siendo amigos? Una pregunta que, más que dar un punto final, reabre la herida y reactiva el ciclo, convirtiendo al disco en un círculo sin fin.
CHROMAKOPIA (2024):
Una de las etapas más fugaces de Tyler, The Creator, pero no por eso menos memorable. Aquí no hay alter egos ni disfraces: es simplemente Tyler enfrentando —y a la vez ocultando— su paranoia sobre el mundo, la fama y la realidad detrás de una máscara. A lo largo del disco, escuchamos en repetidas ocasiones la voz de su madre, Bonita Smith, quien lo aconseja y se convierte en su única guía, la única voz clara en un mundo lleno de máscaras que esconden miedos.
DON’T TAP THE GLASS (2025):
El último disco, o quizá la última etapa de Tyler, The Creator, reflexiona sobre cómo se percibe a los artistas en la actualidad: expuestos detrás de una vitrina que, con el tiempo, se ha convertido en su zona de confort. Más que vivir, han aprendido a existir para el espectáculo. El título hace referencia a los letreros en acuarios o zoológicos de “No tocar el vidrio”, funcionando como un doble sentido: una barrera que aleja aún más al espectador del artista, mientras evidencia cómo la mirada constante transforma el comportamiento de quien está siendo observado.
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