02/09/2026
Una de las decisiones más difíciles es empezar algo nuevo cuando tu vida ya funciona.
Cuando estás acorralado, cambiar parece la única opción.
Pero cuando tienes cierta estabilidad, compromisos, un patrimonio que cuidar y una vida que en muchos sentidos funciona… arriesgarte se siente diferente. Porque ahora sí tienes algo que perder.
Cuando decidimos apostar seriamente por este negocio, no teníamos ninguna garantía de que funcionaría.
Tampoco sabíamos hasta dónde podía llegar.
Solo sabíamos que veíamos una GRAN oportunidad que valía la pena explorar.
Con los años hubo aciertos, errores, dinero bien invertido y otro que probablemente no volveríamos a utilizar de la misma manera.
Pero hay algo que agradezco:
Haber tenido el valor de volver a ser principiantes.
No comenzamos este negocio siendo expertos ni ganando cifras atractivas por nuestras ventas. Pero tuvimos la visión y la convicción de seguir adelante, aun cuando el camino parecía cerrarse delante de nosotros.
Y gracias a que seguimos, hoy veo certeza donde antes veía incertidumbre.
Hoy, que a mi negocio le vaya bien o mal depende mucho más de mi trabajo que de si le caigo bien a mi jefe o de si estoy cerca de cumplir 50 años y la compañía decide reemplazarme por una persona a la que puede pagarle menos.
Eso no quiere decir que todo lo que hago me guste. Tampoco que no tenga clientes difíciles, y mucho menos que tenga ingresos garantizados.
Pero lo que sí puedo concluir es que a veces, lo más arriesgado no es dejar lo seguro. Es descubrir demasiado tarde que nunca fue tan seguro como pensabas.