17/09/2026
Andreina Escalante dedicó prácticamente toda su vida a cuidar a su hijo Eloy después de recibir su diagnóstico de autismo.
Desde ese momento, su mundo cambió.
Adaptó su hogar, cambió sus rutinas, aprendió a entender sus necesidades y puso todo su corazón en acompañarlo. Cada día estaba pendiente de él, de sus terapias, de sus cuidados, de sus momentos difíciles… de todo.
Pero, poco a poco, mientras cuidaba de su hijo, dejó de cuidarse a sí misma.
Dejó de alimentarse adecuadamente, perdió cabello, agotó sus fuerzas y llegó a cargar a Eloy en brazos hasta los cuatro años.
Hasta que un día su cuerpo dijo: ya no puedo más.
Andreina terminó hospitalizada y pasó dos meses en una unidad de cuidados intensivos.
Dos meses en los que seguramente muchas cosas cambiaron dentro de ella.
Durante su recuperación entendió algo que muchas madres cuidadoras olvidamos:
Cuidar también significa cuidarnos.
Porque una mamá puede amar con toda su alma y aun así sentirse cansada. Puede agradecer tener a su hijo y, al mismo tiempo, necesitar descansar. Puede querer ser fuerte y aun así necesitar que alguien la abrace y le diga: “Yo también estoy aquí para cuidarte a ti.”
Ser cuidadora muchas veces significa estar pendiente de todo y de todos… mientras nadie pregunta cómo estás tú.
Y no debería ser así.
Hoy Andreina comparte su historia para recordarnos que no tenemos que esperar a estar completamente agotadas, enfermas o al límite para pedir ayuda.
Descansar no es abandonar.
Pedir ayuda no es ser débil.
Cuidarte no significa querer menos a tu hijo.
Al contrario…
También eres importante. Tu salud importa. Tu vida importa. Tú importas.
Eloy está bien y, después de todo lo vivido, Andreina cuenta que su vínculo se fortaleció profundamente.
Porque detrás de cada niño que necesita cuidados hay muchas veces una mamá que también necesita que alguien la sostenga.
A todas las madres cuidadoras:
No esperen a romperse para darse permiso de descansar.
No tienen que poder con todo solas.
También merecen que alguien las cuide. ❤️