Virgo Potens

Virgo Potens Virgo Potens es una marca católica artesanal de rosarios hechos por manos sacerdotales.

Nacida en la fe, pensada como arma espiritual, busca acompañarte en tu camino de oración, lucha y confianza en la Virgen María.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 31: EL CORAZÓN DE MARÍA, REINA Y MADRE DE MISERICORDIAEn este últ...
31/08/2026

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨

DÍA 31: EL CORAZÓN DE MARÍA, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA

En este último día, alma devota, contempla con confianza y amor filial el Corazón tan compasivo hacia nosotros de la Reina y Madre de Misericordia. El Padre eterno, dice san Buenaventura, asignó a Jesucristo el reino de la justicia y a María el reino de la misericordia.

San Bernardo se pregunta por qué la Iglesia llama a María «Reina de la Misericordia», y responde: «Para que creamos que María abre el abismo de la misericordia a quien quiere, cuando quiere y como quiere; de modo que no hay pecador tan grande que no pueda salvarse si la Santa Reina de todos los santos lo toma bajo su poderosa protección.»

Con ocasión de un pecador condenado al suplicio y salvado después por intercesión de María, a quien había honrado durante su vida, Nuestro Señor reveló a santa Catalina de Siena que, por uno de los privilegios concedidos a esta divina Madre, quien le hubiera profesado verdadera devoción durante su vida no perecería.

«¡Ah! —exclama san Antonino—, ¡qué inmenso cuidado tiene la Virgen María de nosotros!» Santa María Magdalena de Pazzi, durante uno de sus éxtasis, nos dirige esta exhortación:

«Vosotros que no encontráis misericordia, acudid a María, que es toda bondad y toda poder. Vosotros que vivís constantemente agitados, acudid a María, que es un mar de paz. Vosotros para quienes los placeres del mundo se han vuelto insípidos, acudid a María, que es un mar de amargura. Vosotros que estáis bajo el dominio del demonio, acudid a María, que es la Madre de la humildad, pues nada ahuyenta tanto al demonio como la humildad. Acudid, pues, todos a María.»

Acudamos, por tanto, a María. Pero, dice san Bernardo, para ello debemos dirigir hacia ella todas las facultades de nuestra alma.

«Ella reconoce y ama a quienes la aman; asiste a quienes la invocan con sinceridad, sobre todo a quienes se esfuerzan por parecerse a ella en la castidad y la humildad, con tal de que posean también la caridad, pongan en ella, después de su Hijo, toda su esperanza y la busquen de todo corazón.»

Pero nosotros, ¿somos acaso de esos verdaderos devotos, de esos hijos predilectos de la Reina de la Misericordia?

¡Oh gloriosa Reina!, recibidme entre el número de vuestros fieles servidores.

«Puesto que sois la Reina de la Misericordia —os diré con san Bernardo—, vuestros verdaderos súbditos son los desdichados. Vos sois la Reina de la Misericordia, y yo soy el más miserable y el más indigno de vuestros súbditos pecadores. Ejerced, pues, sobre mí vuestro dominio; gobernadme y dirigidme, oh Reina de la Misericordia.

No me rechacéis, oh María, porque quiero ser enteramente vuestro. Quiero tener para con vos un corazón de hijo, así como vos tenéis para conmigo un corazón de Madre. Que mi corazón pueda unirse al vuestro, para amar, en esta santa unión y durante la bienaventurada eternidad, a vuestro Hijo, a quien sean el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.»

ORACIÓN
¡Oh María, Virgen clemente, Madre de misericordia, siempre pronta a socorrernos!, dígnate ser nuestro refugio en las aflicciones, nuestro consuelo en las penas, nuestro escudo en los combates y nuestra fortaleza en las tentaciones. Dígnate, sobre todo, Reina del cielo, ser para nosotros un baluarte inexpugnable contra los ataques de nuestros enemigos en la hora de nuestra muerte, para que podamos llegar a la morada de los bienaventurados y allí alabar eternamente tu misericordiosa clemencia para con nosotros. Amén.

FLOR. Recitar con devoción, con los brazos abiertos, la oración del en cruz, la Salve Regina.

FRUTO. En toda ocasión, mostrar a María un
corazón de hijo y aconsejar dedicar un mes del año a santos ejercicios de devoción al Sagrado Corazón de María.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 30: EL CORAZÓN DE MARÍA CONVERTIDO EN UN OCÉANO DE GRACIA POR LA ...
30/08/2026

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DÍA 30: EL CORAZÓN DE MARÍA CONVERTIDO EN UN OCÉANO DE GRACIA POR LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

Considera con qué abundancia el Espíritu Santo se comunicó a la Virgen, su Esposa, con preferencia a todos los que se hallaban reunidos con ella en el Cenáculo.

El ángel ya la había saludado como llena de gracia: Ave, gratia plena. Había sido colmada de gracia con una nueva plenitud desde el momento en que concibió al Verbo divino por obra del Espíritu Santo: Spiritus Sanctus superveniet in te («El Espíritu Santo vendrá sobre ti»).

Se hallaba, pues, entonces llena de gracia con una plenitud extraordinaria; y sobre esa plenitud inmensa descendió nuevamente el Espíritu Santo con una sobreabundancia aún mayor. Porque el ángel no dijo simplemente: «El Espíritu Santo vendrá», sino: «Vendrá sobre ti» (superveniet).».

¿Quién podría comprender hasta qué grado ese Amor increado comunicó sus dones a su excelsa Esposa, ya llena y rebosante de Él? Nadie podría lograrlo; es imposible.

Imagina un inmenso océano de gracia sobre el cual cae desde el cielo un diluvio todavía mayor que ese océano, como sucedió durante el diluvio universal, cuando las aguas sobrepasaron sus límites, cubrieron las riberas e inundaron toda la tierra.

Así ocurrió con María, dicen los santos Padres, quienes incluso le atribuyen la venida del Espíritu Santo sobre las almas de todos los fieles, sin exceptuar a los mismos Apóstoles.

San Epifanio afirma: «Ella hizo caer sobre toda la tierra, como torrentes, la lluvia del Espíritu Santo, para producir en ella el fruto de la fe.»

Nuestra alma fue regada por esa lluvia en el sacramento del Bautismo, en el de la Confirmación y en los demás sacramentos.

Pero ¿cuáles son los frutos que ha producido nuestra fe? ¿Podemos decir con el Apóstol: «La gracia de Dios no ha sido estéril en mí»?

«¡Oh Mujer llena de gracia, colmada de una gracia tan sobreabundante que bastaría para devolver la vida a todas las criaturas si fueran regadas por ella!», haced que hoy la gracia que un día recibí en el santo Bautismo sea reavivada en mí, y que, por ella, yo resucite a una vida nueva.

ORACIÓN
¡Oh María, colmada de los dones del Espíritu Santo!, te ruego que me alcances de tu divino Esposo la sabiduría que solo de Él puede venir, para que sepa ordenar de tal manera mi conducta en este mundo que camine siempre por las sendas de la justicia, la prudencia y la templanza; que reciba la fortaleza necesaria para resistir a los enemigos de mi salvación y pueda llegar a la gloria eterna. Amén.
FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria:
«Madre de la divina gracia, ruega por mí.»

FRUTO. Practicar las buenas obras y hacer fructificar el talento de la gracia recibido de Dios.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 29: EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO,FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA E...
29/08/2026

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DÍA 29: EL CORAZÓN DE MARÍA ALENTADO,
FORTALECIDO Y ARREBATADO HASTA EL
CIELO EN LA ASCENSIÓN DE SU HIJO

Santa María Magdalena de Pazzis, habiendo escuchado en uno de sus maravillosos éxtasis la última conversación secreta de Jesús con su Madre, la refiere en estos términos:

«Nuestro Dios es grande. Grandes son los secretos que el divino Esposo de nuestras almas comunica a María. ¡Oh María!, la conversación que vuestro Hijo tuvo con Vos antes de su Pasión fue una conversación de perfecta conformidad con la voluntad de Dios, su Padre; la que tuvo después de su Resurrección fue una conversación de alegría; y esta, siendo la última, fue una conversación de gloria.

¿Pero cuál podía ser entonces el tema que más os interesaba, oh María? ¿Sería acaso el Verbo, Esposo de las vírgenes, rodeado de las vírgenes? Sí, sin duda; puesto que Vos erais Virgen y amabais la virginidad, vuestro mayor deleite debía consistir en hablar de las vírgenes.»

Considera ahora qué aliento y qué fortaleza debió recibir el Corazón de la Reina de las Vírgenes en una conversación tan honorable para las esposas de Jesucristo. Imagínate acompañando al divino Redentor cuando, después de este coloquio, se dirigía con su Madre y sus discípulos hacia el monte de los Olivos. Llegados allí, después de despedirse de su Madre y de bendecirlos a todos, «se separó de ellos y fue elevado al cielo», a la vista de todos, hasta que, ya muy alto, una nube lo ocultó de sus miradas.

¡Ah!, ¿quién puede comprender plenamente toda la alegría y el éxtasis de María al contemplar aquel glorioso triunfo de su divino Hijo y ver aquel Cuerpo formado en sus entrañas elevarse por encima del más alto de los cielos y resplandecer con un brillo mayor que el del sol?

No se saciaba de contemplarlo y mantenía sin cesar la mirada fija en aquella parte del cielo por donde ascendía aquella águila victoriosa. Pero el Corazón de María siguió a su Hijo más allá de donde alcanzaban sus ojos, hasta el mismo cielo, donde su amado Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre.

La Iglesia nos exhorta todos los días, durante la Santa Misa, a elevar nuestros corazones. «Sursum corda», nos dice; y nosotros respondemos: «Habemus ad Dominum»: «Los tenemos levantados hacia el Señor».

Pero ¿respondemos con verdad?

«Si hemos resucitado con Jesucristo —nos dice el Apóstol—, no debemos buscar las cosas de la tierra, sino las del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre.»

Y la Iglesia añade: «Que nuestros corazones estén donde se encuentran los verdaderos gozos.»
¡Oh Jesús mío!, elevad mi corazón; arrebatadlo hacia Vos; atraedlo a Vos mismo y mantenedlo siempre unido a vuestro Corazón y al de vuestra tierna Madre. Que ya no permanezca hundido en el fango de este miserable mundo. Concededme esta gracia, Jesús mío, por el amor con que llevasteis al cielo el Corazón de vuestra divina Madre.

ORACIÓN
¡Oh María, Reina de todos los Santos!, la gloria de tu divino Hijo desde el día de su Ascensión me da una idea de tu grandeza y de la excelsa dignidad que posees como su Madre; y este pensamiento me llena de reverencia. Pero, al considerar la caridad que nunca dejas de mostrar hacia los pecadores que te invocan, siento renacer mi confianza; y, acudiendo a ti con profunda humildad, te suplico que me alcances la gracia de reparar con mi fervor los años estériles que tengo que lamentar y de llegar, por una fidelidad constante en imitarte, a la gloria eterna del cielo junto con todos los Santos. Amén.

FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria: «Atráeme en pos de Ti, Virgen María.»

FRUTO. Mantener el corazón desprendido de la tierra y elevado al cielo.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 28: LA ALEGRÍA DEL CORAZÓN DE MARÍA AL CONTEMPLAR A SU HIJO RESUC...
28/08/2026

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DÍA 28: LA ALEGRÍA DEL CORAZÓN DE MARÍA AL CONTEMPLAR A SU HIJO RESUCITADO

Considera la inmensa alegría y el gozo del Corazón de María al ver a Jesús presentarse ante Ella en el mismo instante de su Resurrección.

Para comprender esta alegría inefable, que penetró de inmediato en aquel Corazón tan profundamente afligido, sería necesario haber comprendido antes la magnitud de sus sufrimientos;pues el gozo de contemplar a su Hijo glorioso y resucitado fue proporcional al exceso de los dolores que había experimentado al verlo padecer los más atroces tormentos y la muerte más cruel.

¡Qué torrente de alegría inundó entonces, de repente, el Corazón de la Virgen!

San Ambrosio afirma que este gozo despertó la admiración más profunda de los ángeles y que ninguna lengua humana sería capaz de expresarlo. Fue, sin duda, la mayor alegría que aquel gran Corazón había experimentado hasta entonces.

Santa María Magdalena de Pazzi, durante la octava de Pascua, después de recibir la Sagrada Comunión, hallándose en éxtasis y contemplando la aparición de Jesús a su Madre, se dirigió al Señor con estas palabras: «Así como, en la dolorosa conversación que tuviste con tu santísima Madre antes de tu Pasión, le diste el conocimiento pleno de todo cuanto tu santa Humanidad había realizado y debía realizar para nuestra salvación, y le revelaste de antemano todos tus sufrimientos y tormentos; así también, en esta conversación tan dulce, cuando Ella se encontraba contigo colmada de alegría, consuelo y júbilo, le diste a conocer lo que tu Divinidad ya había obrado y lo que había de obrar en adelante en nosotros y por nosotros.»

¿Quién podría comprender, pues, la alegría y el contento de María?

Alegrémonos también nosotros con Ella y con su divino Hijo, suplicándole que lleve a cabo en nosotros aquello mismo que anunció a su bienaventurada Madre que realizaría por nosotros.

¡Oh Madre felicísima! ¡Oh glorioso Jesús! Me alegro con Vos de todo corazón y, con toda mi alma, os doy gracias por todo cuanto habéis padecido por mí. Dignaos, por vuestra bondad, aplicarme los méritos de vuestra Pasión y realizar en mí aquello que más convenga a vuestra mayor gloria y a la salvación de mi alma.

ORACIÓN
Regina cæli

Reina del cielo, alégrate, aleluya; porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya, ha resucitado, según lo había anunciado, aleluya. Ruega al Señor por nosotros, aleluya. Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya; porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya.

OREMOS. Oh Dios, que te dignaste alegrar al mundo con la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, concédenos, por la intercesión de la Virgen María, su Madre, alcanzar los gozos inefables de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

FLOR. Recitar la siguiente jaculatoria: «Alégrate, oh Virgen María; regocíjate y alaba al Señor, porque el Señor ha resucitado verdaderamente. ¡Alaba al Señor!»

FRUTO. Cooperar con la gracia de Jesucristo, que obra en nosotros.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 27: EL CORAZÓN DE MARÍA CON JESÚS EN EL SEPULCROConsidera a la Ma...
27/08/2026

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DÍA 27: EL CORAZÓN DE MARÍA CON JESÚS EN EL SEPULCRO

Considera a la Madre de Jesús junto al sepulcro donde su Hijo ha sido enterrado. Como dice san Bernardo, no sabe ni puede apartarse de Él.

Allí deja escapar estas dolorosas lamentaciones: «Jesús, Hijo mío; Hijo mío, Jesús; mi buen y dulce Jesús: Vos, Creador de todas las cosas; Vos, que os hicisteis hombre por amor a los hombres y fuisteis entregado a la muerte en el más ignominioso de los suplicios; Vos, a quien ni la tierra, ni el mar, ni los cielos pueden contener, ¡os halláis ahora encerrado en este estrecho sepulcro!

¡Mi Hijo ha mu**to! ¡Ha mu**to! Está ahí, bajo esas piedras. Hijo mío, vida mía, ahí estáis Vos; ahí estoy yo con Vos.»

La misma Santísima Virgen lo reveló a santa Brígida: «Sí; cuando mi Hijo fue sepultado, dos corazones quedaron, por decirlo así, encerrados en un mismo sepulcro.» Es decir, el Corazón de María y el Corazón de Jesús.

Y verdaderamente así debía ser, porque Jesús nos dijo en el Evangelio: «Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.»

El tesoro del Corazón de María era, ciertamente, Jesús. Jesús estaba en el sepulcro; por tanto, también allí estaba el Corazón de María.

Pero nuestro corazón, ¿dónde está? Está igualmente donde se encuentra nuestro tesoro, es decir, en aquello que amamos. ¿Y cuál es ese objeto? ¿Es Jesús?

¡Ah!, ¿no será acaso algún cadáver todavía con vida, pero destinado muy pronto a corromperse en un sepulcro? ¿O quizá el dinero? ¿O el humo de los honores vanos y de una gloria pasajera?

¡Qué tesoros tan abominables ante Dios!¡Qué fuentes inagotables de miserias! ¡Ay, cuántos corazones permanecen apegados a ellos!

¡Oh Jesús, mi Bien y mi Tesoro!, tened misericordia de mí.

Hasta ahora mi corazón corría hacia su perdición, persiguiendo los bienes engañosos y miserables de esta vida. ¡Qué grande era mi ceguera!

Me arrepiento de ello desde lo más profundo de mi corazón, y ese mismo corazón os lo entrego y lo uno para siempre a Vos. Que permanezca siempre junto a Vos.

Tierna Madre, alcanzadme esta gracia por el amor que tenéis a Jesús, vuestro Tesoro.

ORACIÓN
Aquí estás separada de tu divino Hijo, ¡oh tierna Madre!, ¡oh Madre desolada! Pero no, en realidad no estás separada de Él: la fe te mantiene unida a Él; tu corazón permanece junto a su Corazón; el sepulcro de Jesús es tu morada y allí permanece tu espíritu.

¡Oh María!, alcánzame la gracia de vivir también yo continuamente unido a Jesús, de unirme espiritualmente a Él en el sepulcro. Él es mi tesoro, mi único bien y mis delicias. Que nada en este mundo me separe de Él y que toda mi dicha consista en hacer de mi corazón un sepulcro nuevo para recibirlo, con el mayor desprendimiento de mí mismo, en la santa Comunión. Amén.

FLOR. Visitar, unidos a la Virgen, a Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

FRUTO. Pensar con frecuencia en Jesús, en unión con María, y dirigirle todos los sentimientos de nuestro corazón, especialmente en las tentaciones.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 26: SENTIMIENTOS DEL CORAZÓN DE MARÍA AL VER A JESÚS INCLINAR LA ...
26/08/2026

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DÍA 26: SENTIMIENTOS DEL CORAZÓN DE MARÍA AL VER A JESÚS INCLINAR LA CABEZA Y EXPIRAR EN LA CRUZ

Considera cuáles fueron los sentimientos del Corazón de María, ya colmado de dolor, al ver el rostro de su amado Hijo cubrirse de una palidez mortal, sus párpados cerrarse y, finalmente, su cabeza inclinarse humildemente, en señal de respeto y de sumisión a su Padre, para exhalar el último suspiro.

¿Cómo el alma de esta bienaventurada Virgen no se separó de su cuerpo cuando el alma de su amado Hijo abandonó el suyo? «Fue por un grandísimo milagro que eso no sucediera», refiere santa Brígida.

Puesto que «las piedras se partieron» como señal de duelo, ¿cómo no se partió también su tierno y sensible Corazón? Fue el mismo amor el que lo conservó íntegro.

Así como María fue en todo semejante a m Jesús durante la vida, también lo fue en la muerte. Ella también inclina la cabeza; encierra en su Corazón la inmensidad de sus penas y dolores y, completamente resignada, adora los designios del Padre eterno, ya cumplidos.

He aquí por qué aquella alma santísima no se separó entonces de su cuerpo: su alma permanecía, por decirlo así, unida a la de su amado Hijo por la fuerza del amor que las estrechaba y las mantenía inseparablemente unidas.
¡Pena, aflicción, dolor y tormentos jamás imaginados! Sólo María los experimentó todos.

Y, al mismo tiempo, ¡qué admirables ejemplos nos dio de obediencia, conformidad con la voluntad de Dios, fortaleza y resignación!

¿Existe una escuela más perfecta para aprender estas virtudes? Y, sin embargo, ¡qué motivo de profunda confusión! Apenas se encuentra en nosotros la sombra de esas virtudes.

Dios mío, reconozco que basta un ligero contratiempo, una simple contradicción a mi voluntad o a mi amor propio, para precipitarme en los abismos del error y del pecado; que una orden un poco severa basta para hacerme sacudir el yugo de la obediencia; que una pequeña aflicción puede apartarme del camino de vuestros divinos mandamientos.

¡Dios mío, Salvador mío, tened misericordia de mí!

Y Vos, María, Madre amadísima, alcanzadme esas virtudes que os sostuvieron y os hicieron invencible al pie de la Cruz.

ORACIÓN

Todo está cumplido, ¡oh María!, ¡oh Madre mía desde ahora! Todo está consumado: tu divino Hijo, el Redentor de los hombres, expira; el sacrificio se ha consumado, la redención se ha realizado. Y tú, Madre de los Dolores, has bebido el cáliz hasta las heces.
¡Ojalá que tus hijos adoptivos, aquellos que Jesús acaba de confiarte desde lo alto de la cruz, puedan consolarte con su celo, su fervor y su amor, mostrando en sí mismos los rasgos de semejanza con su divino Salvador! Que, llegada la hora de la muerte, puedan decir con confianza: «Todo está consumado; he cumplido la misión que la Providencia me había señalado; la obra de mi salvación está acabada.» Por ti, Virgen santa, uniéndome a ti al pie de la cruz para compartir tus dolores, espero alcanzar esta gracia. Amén.

FLOR. Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores del Corazón de María.

FRUTO. Amar la cruz y, en todas las adversidades, resignarse a la voluntad de Dios.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 25: EL CORAZÓN DE MARÍA ES PARA NOSOTROS UN CORAZÓN DE MADREHasta...
25/08/2026

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DÍA 25: EL CORAZÓN DE MARÍA ES PARA NOSOTROS UN CORAZÓN DE MADRE

Hasta ahora María nos había amado como a hermanos y hermanas; ahora contemplemos su amor hecho verdaderamente maternal. Desde que Jesús nos confió a sus manos, Ella nos ama como a hijos predilectos. No se equivocó acerca del sentido de las palabras de su Hijo.

«Este discípulo escogido —dice Dionisio el Cartujo— representa a cada uno de los fieles. Así, cuando Jesucristo dijo a Juan: “He ahí a tu Madre”, dio a su Madre como Madre de cada cristiano.»

San Bernardino de Siena dice igualmente: «Vemos en la persona de Juan a todos los cristianos, de quienes la Santísima Virgen llegó a ser Madre por amor.»

Y san Bernardo lo confirma al afirmar: «En la Pasión de Jesucristo, todos los hijos de la gracia llegaron a ser hijos de María.»

Comprendió, pues, perfectamente el sentido de las palabras de Jesús al aceptarnos como hijos suyos. «Desde aquel momento —dice san Bernardino de Siena— nos llevó a todos en su seno, como una verdadera madre lleva en él a sus hijos.»

Y san Ambrosio enseña: «Ella es, según el espíritu, Madre de los miembros del Salvador, porque cooperó con su caridad al nacimiento de los fieles en la Iglesia.»

¿Quién podría expresar con cuánto amor nos llevó en sus entrañas espirituales y nos dio a luz para la vida de la gracia?

Semejante al Padre eterno, «amó al mundo hasta el punto de entregar por él a su Hijo único», dice san Buenaventura.

Examinemos ahora cuál ha sido nuestro amor hacia una Madre tan buena. A una madre que nos ama con amor maternal, debemos corresponder con un amor de hijos. Pero ¿tenemos realmente ese amor filial hacia tan excelsa Madre?

Si lo tuviéramos, ¿seguiríamos ofendiendo al mismo tiempo a su divino Hijo? ¿No seríamos capaces de hacer, por amor an Ella, el más pequeño sacrificio, después de que Ella hizo uno tan grande por amor a nosotros?

Confieso, oh Madre nuestra, que hasta ahora mi amor hacia Vos ha consistido más en palabras que en obras. Que no sea así en adelante. Quiero corregirme; quiero convertirme; y para ello pongo toda mi confianza en Vos.

«¡Oh saludable confianza! La Madre de Dios es nuestra Madre.» Vos misma dijisteis a santa Brígida que erais «la Madre de todos los pecadores que desean convertirse».

A Vos, pues, recurro y a Vos me encomiendo.
ORACIÓN
Salve, Reina

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora y Abogada m nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María!

V/. Dígnate aceptar mis alabanzas, Virgen santa.

R/. Dame fortaleza contra tus enemigos.
Oh Dios, bendito seas en tus santos. Amén.

FLOR. Repetir con frecuencia la jaculatoria:
«Mostrad que sois nuestra Madre.»

FRUTO. Demostrar con obras nuestro amor filial hacia María.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 24: EL MARTIRIO DEL CORAZÓN DE MARÍA CONSUMADO EN EL TESTAMENTO D...
24/08/2026

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DÍA 24: EL MARTIRIO DEL CORAZÓN DE MARÍA CONSUMADO EN EL TESTAMENTO DE SU HIJO MORIBUNDO EN LA CRUZ

Considera cómo Jesús, después de haber legado a sus enemigos el fervor de sus oraciones y al buen ladrón el paraíso, deja también a María, mediante un testamento público y solemne, otro hijo en lugar de Él, en la persona de Juan, y da a Juan, como madre, a María, su propia Madre.

«Desde lo alto de la Cruz, Jesucristo dictaba su testamento; Juan lo escribía y lo sellaba, digno testigo de tan gran Testador.»

Estas fueron sus palabras: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; y dirigiéndose a su Madre: «Ahí tienes a tu Madre», dirigiéndose a Juan.

Aquella palabra, «Mujer», fue como una espada cruel que penetró hasta lo más profundo del Corazón de María, ya desgarrado por el dolor.

«Fue mucho más que una espada —dice san Bernardo—; ya no se oye llamar con el nombre de Madre. ¡Y qué intercambio! ¡Juan en lugar de Jesús! ¡El siervo por el Señor! ¡El discípulo por el Maestro! ¡El hijo de Zebedeo por el Hijo de Dios! ¡Un hombre, una simple criatura, por el verdadero Dios! ¿Y cómo no habría de atravesar esa palabra su alma tan sensible, cuando el solo recuerdo de ella hiende nuestros corazones de piedra? Este dolor superó todos los dolores que antes había padecido.»
«Ante estas pocas palabras —dice también san Bernardo—, aquellas dos almas tan queridas no cesaban de derramar lágrimas y permanecían en silencio, porque el exceso del dolor no les permitía hablar.»

¡Oh cielo! ¡Cuánto le costó al Hijo de Dios que su Madre llegara a ser nuestra Madre! ¡Y cuánto le costó a la Madre de Dios que nosotros llegáramos a ser sus hijos! ¿Quién podría valorar un don tan precioso, adquirido al precio incalculable de un dolor tan inmenso?

Pero, ¿qué aprecio hemos tenido por este regalo tan valioso, que costó tanto?

Porque, ¿existe alguna madre —por grandes que sean los dolores que sufra al dar a luz— cuyo hijo le haya costado tanto como nosotros le costamos a aquella que nos dio a luz al pie de la Cruz, entre dolores tan crueles que sobrepasan con mucho los tormentos de millones de mártires? Por eso ella es llamada la Reina de los Mártires.

¡Ah!, dice el Espíritu Santo: «No olvides los dolores de tu Madre.» Debemos corresponder a ellos con un amor verdaderamente filial.

Oh gloriosa Reina de los Mártires, por esos dolores y esas angustias mortales que os costé cuando me engendrasteis al pie de la Cruz, haced que nunca olvide vuestros gemidos, vuestras lágrimas ni el precioso don que vuestro Hijo me hizo al morir.

Haced que os honre como a mi Madre, tal como lo quiere vuestro Hijo Jesús, que me dice: «Ahí tienes a tu Madre.»
ORACIÓN
¡Oh María, proclamada con toda justicia Reina de los Mártires!, tú, cuyo corazón quedó sumergido en un océano de amargura por la dolorosa agonía que tu divino Hijo padeció en la cruz y por su muerte, haz que, por los méritos de los inefables sufrimientos que soportaste al pie de la cruz, experimentemos los efectos de tu misericordia, para que podamos obtener, en la hora de nuestra muerte, el pleno perdón de nuestros pecados y seamos fortalecidos de tal modo por tu auxilio que salgamos felizmente de este mundo para g***r eternamente de los frutos de la Pasión y de la muerte de nuestro divino Redentor. Amén.

FLOR. Consagrarse a María al pie del Crucifijo, aceptarla con amor como Madre y dar gracias a Jesús por un don tan precioso.

FRUTO. Cumplir todos los deberes de un hijo hacia una Madre tan excelsa: honrarla, amarla e imitarla.

❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨DÍA 23: EL CORAZÓN DE MARÍA CRUCIFICADO EN LA CRUCIFIXIÓN DE SU HIJOC...
23/08/2026

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DÍA 23: EL CORAZÓN DE MARÍA CRUCIFICADO EN LA CRUCIFIXIÓN DE SU HIJO

Considera cuán dolorosos fueron para el Corazón de María los repetidos golpes de los martillos que hundían los clavos en los pies y en las manos de su Hijo.

Considera las profundas heridas que recibió aquel Corazón materno al ver atravesados esos pies que siempre habían corrido en busca de las ovejas perdidas, y esas manos que nunca habían dejado de derramar beneficios.

«¡Oh maravilla! —exclama san Buenaventura—. Todo Jesús está crucificado en el interior del Corazón de María.»

«Todos los dolores del mundo reunidos no igualarían este dolor de María», dice san Bernardino de Siena.

«El amor de esta Madre —dice san Agustín— supera el amor reunido de todos los padres y de todas on las madres hacia sus hijos.»

Su dolor, por tanto, sobrepasó todos los demás dolores, porque fue proporcionado a su amor. Pues, como dice san Lorenzo Justiniano: «Fue herida tanto más profundamente cuanto más
tiernamente amó.»

¿Por qué nosotros no experimentamos ningún dolor al contemplar los sufrimientos de tal Hijo y de tal Madre? Porque nos falta amor.

De otro modo, ¿sería posible contemplar a un Dios hecho hombre por amor a nosotros, crucificado por amor a nosotros y muriendo en una cruz por amor a nosotros, en presencia de su Madre —que también es nuestra Madre—, completamente desolada y crucificada en su Corazón; verlos sufrir así por nosotros y no sentir compasión, no quedar profundamente conmovidos ni derramar torrentes de lágrimas?

«Si vierais —dice san Buenaventura— a una bestia, a un animal tratado de ese modo, por simple sensibilidad humana sentiríais compasión.»

¡Cuánto mayor debería ser, entonces, nuestra compasión y nuestro dolor ante los sufrimientos del Señor, nuestro Dios!

Señor mío y Dios mío, crucificado por nuestro amor, contemplad, os lo suplico, las llagas de vuestras manos. En ellas habéis escrito y firmado con vuestra propia Sangre el acta de mi redención. Leed esos caracteres y salvadme.

Comprendo muy bien que, para realizar la salvación de un monstruo de ingratitud como yo, no basta menos que la fuerza todopoderosa de vuestras llagas.

Grabad, pues, esas llagas en mi corazón; que vuestro amor quede también impreso en él, y haced que sienta un profundo dolor por mis pecados, causa de vuestros sufrimientos.

A Vos me dirijo, Santa Madre: grabad profundamente en mi corazón las llagas de Jesús crucificado.
ORACIÓN

¡Oh María, oh Madre de los Dolores! Todo cuanto la imaginación más viva pudiera concebir de desgarramientos y angustias, de tormentos morales y de sufrimientos interiores, nada, absolutamente nada, podría compararse con lo que experimentaste en el Calvario cuando viste a tu Hijo amadísimo ser levantado brutalmente de la tierra, clavado m en una cruz y privado de todo consuelo y de toda ayuda. Sin duda fue necesario un auxilio especial del cielo para que, en presencia de tan inmensos dolores, tu alma pudiera permanecer unida a tu cuerpo.

¡Oh María! Antes morir que tener la crueldad de renovar el recuerdo de tus dolores con mis infidelidades y mis pecados. Todo mi deseo y todo mi empeño serán consolarte y alegrarte con una vida pura e intachable, procurando meditar sin cesar tus dolores. Amén.

FLOR. Repetir con frecuencia esta jaculatoria: «A Vos me dirijo, Santa Madre: grabad profundamente en mi corazón las llagas de Jesús crucificado.»

FRUTO. Amemos a Jesús y al Corazón de María, crucificados por nuestro amor.

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