31/08/2026
❤️✨ AGOSTO: MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ❤️✨
DÍA 31: EL CORAZÓN DE MARÍA, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA
En este último día, alma devota, contempla con confianza y amor filial el Corazón tan compasivo hacia nosotros de la Reina y Madre de Misericordia. El Padre eterno, dice san Buenaventura, asignó a Jesucristo el reino de la justicia y a María el reino de la misericordia.
San Bernardo se pregunta por qué la Iglesia llama a María «Reina de la Misericordia», y responde: «Para que creamos que María abre el abismo de la misericordia a quien quiere, cuando quiere y como quiere; de modo que no hay pecador tan grande que no pueda salvarse si la Santa Reina de todos los santos lo toma bajo su poderosa protección.»
Con ocasión de un pecador condenado al suplicio y salvado después por intercesión de María, a quien había honrado durante su vida, Nuestro Señor reveló a santa Catalina de Siena que, por uno de los privilegios concedidos a esta divina Madre, quien le hubiera profesado verdadera devoción durante su vida no perecería.
«¡Ah! —exclama san Antonino—, ¡qué inmenso cuidado tiene la Virgen María de nosotros!» Santa María Magdalena de Pazzi, durante uno de sus éxtasis, nos dirige esta exhortación:
«Vosotros que no encontráis misericordia, acudid a María, que es toda bondad y toda poder. Vosotros que vivís constantemente agitados, acudid a María, que es un mar de paz. Vosotros para quienes los placeres del mundo se han vuelto insípidos, acudid a María, que es un mar de amargura. Vosotros que estáis bajo el dominio del demonio, acudid a María, que es la Madre de la humildad, pues nada ahuyenta tanto al demonio como la humildad. Acudid, pues, todos a María.»
Acudamos, por tanto, a María. Pero, dice san Bernardo, para ello debemos dirigir hacia ella todas las facultades de nuestra alma.
«Ella reconoce y ama a quienes la aman; asiste a quienes la invocan con sinceridad, sobre todo a quienes se esfuerzan por parecerse a ella en la castidad y la humildad, con tal de que posean también la caridad, pongan en ella, después de su Hijo, toda su esperanza y la busquen de todo corazón.»
Pero nosotros, ¿somos acaso de esos verdaderos devotos, de esos hijos predilectos de la Reina de la Misericordia?
¡Oh gloriosa Reina!, recibidme entre el número de vuestros fieles servidores.
«Puesto que sois la Reina de la Misericordia —os diré con san Bernardo—, vuestros verdaderos súbditos son los desdichados. Vos sois la Reina de la Misericordia, y yo soy el más miserable y el más indigno de vuestros súbditos pecadores. Ejerced, pues, sobre mí vuestro dominio; gobernadme y dirigidme, oh Reina de la Misericordia.
No me rechacéis, oh María, porque quiero ser enteramente vuestro. Quiero tener para con vos un corazón de hijo, así como vos tenéis para conmigo un corazón de Madre. Que mi corazón pueda unirse al vuestro, para amar, en esta santa unión y durante la bienaventurada eternidad, a vuestro Hijo, a quien sean el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.»
ORACIÓN
¡Oh María, Virgen clemente, Madre de misericordia, siempre pronta a socorrernos!, dígnate ser nuestro refugio en las aflicciones, nuestro consuelo en las penas, nuestro escudo en los combates y nuestra fortaleza en las tentaciones. Dígnate, sobre todo, Reina del cielo, ser para nosotros un baluarte inexpugnable contra los ataques de nuestros enemigos en la hora de nuestra muerte, para que podamos llegar a la morada de los bienaventurados y allí alabar eternamente tu misericordiosa clemencia para con nosotros. Amén.
FLOR. Recitar con devoción, con los brazos abiertos, la oración del en cruz, la Salve Regina.
FRUTO. En toda ocasión, mostrar a María un
corazón de hijo y aconsejar dedicar un mes del año a santos ejercicios de devoción al Sagrado Corazón de María.