01/09/2026
Tu destino no es Tarsis”
Hay momentos en los que sabemos perfectamente hacia dónde Dios nos está llamando, pero aun así escogemos otra dirección. No siempre porque no amemos a Dios, sino porque obedecer puede llevarnos a lugares incómodos, exigirnos cambios y confrontarnos con cosas que preferiríamos evitar.
Jonás tenía una palabra clara: debía ir a Nínive. Sin embargo, encontró un barco hacia Tarsis. Y ahí hay una enseñanza fuerte: que exista una puerta abierta no significa que sea la puerta de Dios. Jonás encontró barco, espacio y pudo pagar el pasaje… pero seguía viajando en dirección contraria a su asignación.
A veces confundimos facilidad con aprobación. Pensamos: “Si pude hacerlo, quizás Dios lo permitió”. Pero podemos conseguir pasaje hacia lugares a los que Dios nunca nos mandó.
Y entonces llega la tormenta.
No toda tormenta significa desobediencia, pero en la historia de Jonás aquella tormenta sí terminó exponiendo que él estaba huyendo de lo que Dios le había dicho. Dios no estaba destruyendo su propósito; estaba interrumpiendo su huida.
Quizás por eso hay temporadas en las que Dios permite que aquello que usamos para escapar deje de funcionar. No porque haya abandonado su plan, sino porque todavía está llamándonos hacia Nínive.
Tu destino no se determina mirando hacia dónde caminan los demás. Que otros puedan ir a “Tarsis” no significa que ese sea tu camino. Cada persona tiene una asignación, un proceso y una obediencia particular delante de Dios.
Por eso, no preguntes solamente: “¿Hacia dónde puedo ir?”. Pregunta: “Señor, ¿hacia dónde me dijiste que fuera?”
Porque puedes avanzar muchos kilómetros y, aun así, estar alejándote de tu propósito.
Si Dios dijo Nínive, deja de comprar pasajes para Tarsis.
Regresa a la dirección que Él te dio. Tal vez perdiste tiempo, tal vez tomaste decisiones equivocadas y quizá atravesaste tormentas, pero mientras puedas escuchar nuevamente la voz de Dios, tu historia todavía puede tomar el rumbo correcto.
La obediencia puede incomodar al principio, pero huir de ella siempre termina costando más.
“Señor, no permitas que escoja lo cómodo por encima de lo correcto. Dame discernimiento para reconocer tu dirección y valentía para obedecerte, aun cuando el camino no sea el que yo habría escogido. Que mi destino sea el que Tú diseñaste para mí y no el lugar al que mis temores quieran llevarme. Amén.”