10/10/2026
Pasé semanas contemplando estas florcitas que crecen silvestres en las veredas de Santiago, embelesado con su gracia y preciosura. Google me tiró varios nombres y especies, pero ninguna se veía tan mágica y piccolina. Soñaba conseguir semillas para que -al igual que la perrita Rafaella- el Cocoliche pueda pastorear en su propio prado florido algún día. Pero no hubo caso, así que decidí cosechar algunas y ver si tienen sus semillas en el centro amarillo una vez seco. Mientras paseaba cual Heidi recolectando flores por Providencia (qué hermoso y atinado nombre para un barrio), me topé con un señor y su cespedera arrasando con la magia. "¿Por qué las cortan?!", grité. "A los vecinos no les gustan, prefieren que el césped se vea bien verde y parejo" respondió, apagando la máquina para dejarme juntar todas las que pudiera. Con una bolsa llena, me fui pensando en todas esas cosas que otros sueñan y uno no aprecia demasiado.
Hagamos el ejercicio de valorar nuestras mini margaritas. Seguro tenemos un montón 🌼💕