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Hoy avanzamos con el capítulo 5La sonrisa que no proyecta sombraLa grieta no se abrió.Se curvó.Como si el hielo hubiese ...
27/05/2026

Hoy avanzamos con el capítulo 5
La sonrisa que no proyecta sombra
La grieta no se abrió.
Se curvó.
Como si el hielo hubiese aprendido a sonreír.
Sid fue el primero en notarlo.
—Ok… eso es nuevo. El hielo no hace chistes. Yo sí. El hielo no.
Hijitus sostuvo su sombrero con firmeza. El osito blanco percibió el cambio antes que nadie: no era una presencia pesada como la sombra anterior. Era algo más sutil. Más… divertido.
Entonces apareció primero la sonrisa.
Suspendida en el aire.
Sin cuerpo.
Sin ruido.
Solo dientes brillando en medio del frío.
Después, lentamente, el resto se dibujó alrededor de esa curva imposible.
Era el Cheshire Cat.
—Vaya, vaya… —ronroneó con voz que parecía venir de todos lados y de ninguno—. Una grieta entre mundos y nadie me invitó oficialmente.
Sid parpadeó.
—¿Sos amigo o sos problema?
El Gato risón ladeó la cabeza… y su cuerpo se desvaneció dejando solo los ojos flotando.
—Depende del ángulo desde el que mires el problema.
La grieta vibró, pero esta vez no con amenaza. Con incertidumbre. El gato caminó sobre el aire como si la física fuera una sugerencia.
Se acercó al portal. Lo olfateó.
—Ah… esto no es una herida. Es una pregunta.
Hijitus frunció el ceño.
—¿Qué pregunta?
El gato apareció detrás de él, sin transición.
—¿Qué pasa cuando el hielo se encuentra con el corazón?
El osito blanco brilló levemente.
La sombra del fondo del portal intentó expandirse, pero el Gato risón soltó una carcajada suave. Y algo extraño ocurrió: la sombra perdió forma. No porque fuera derrotada… sino porque fue ridiculizada.
—Las sombras odian que no las tomen en serio —susurró el gato.
Sid se cruzó de brazos.
—Me caés bien. Sos raro. Pero bien.
El Gato risón volvió a desvanecerse parcialmente, dejando solo su sonrisa suspendida frente a la grieta.
—No vine a pelear —dijo—. Vine a recordarles que no todo puente necesita gravedad.
El hielo dejó de crujir.
Por un instante, la grieta no fue tensión ni amenaza.
Fue posibilidad.
Y mientras la sonrisa flotaba en el aire helado, la sombra comprendió algo peligroso:
La luz repara.
El valor protege.
La ternura sostiene.
Pero el humor…
desarma.
Y por primera vez desde que el portal se abrió, la oscuridad dudó.

Hoy 25 de abril celebramos el Dia internacional del amigurumi. En esta ocasión les comparto el capítulo 5 de nuestra his...
25/04/2026

Hoy 25 de abril celebramos el Dia internacional del amigurumi. En esta ocasión les comparto el capítulo 5 de nuestra historia crossover...¡Feliz día!
El sombrero que cayó del cielo
El portal no volvió a brillar en blanco.
Esa mañana, la luz fue verde.
Un verde vibrante, eléctrico, como si la esperanza hubiera decidido vestirse de travesura.
Sid estaba explicándole al osito blanco cómo funcionaban las cosas en la Era de Hielo (spoiler: no funcionaban) cuando el cielo se abrió en un remolino luminoso.
—Ah no, otra vez no… —dijo, cubriéndose la cabeza.
Pero no cayó una criatura.
Cayó un sombrero.
Un sombrero enorme, desproporcionado, girando como una hélice caprichosa. Dio tres vueltas en el aire y aterrizó suavemente sobre la nieve.
El osito inclinó la cabeza.
Sid se acercó con cautela.
—Bueno… si esto explota, que quede claro que yo no lo toqué primero.
El sombrero comenzó a vibrar.
Y de la nada —literalmente de la nada— apareció un chico pequeño, con mirada noble y ropa sencilla. Parpadeó, confundido, mirando el paisaje helado que no pertenecía a su mundo.
Era Hijitus.
—¡Pero caracoles! —exclamó—. Esto no es Trulalá…
Sid lo miró.
Hijitus lo miró.
El osito blanco observó en silencio.
Un segundo después, el viento gélido golpeó con fuerza, como si algo invisible intentara desestabilizar la escena. La sombra del otro lado del portal se agitó.
Hijitus comprendió de inmediato. No necesitó explicación. Tomó su sombrero, lo sostuvo sobre su cabeza… y dudó.
—Ser héroe no es pelear —dijo en voz baja—. Es proteger.
El osito dio un pequeño paso hacia él, como reconociendo esa misma verdad.
Hijitus colocó el sombrero.
Un destello envolvió su figura. La nieve giró a su alrededor. La energía cambió.
—¡Sombreritus!
La transformación no fue estruendosa. Fue firme.
Sid sintió que algo nuevo se sumaba al equilibrio inestable del portal: coraje consciente.
La grieta vibró otra vez.
La sombra retrocedió.
Tres presencias ahora sostenían el borde del abismo:
la ternura que repara,
la torpeza que une,
y el valor que protege.
Pero la oscuridad no había desaparecido.
Solo estaba calculando.
Y en algún punto entre mundos, algo comprendió que el hielo ya no estaba solo.

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