A partir de diferentes acciones materializamos ideas, conscientes o intuitivas, exponiendo condicionantes culturales, identidades, subjetividades, limitaciones técnicas y tecnológicas, de recursos, entre otros. El medio y sus vicisitudes, nuestros procesos creativos, los productos y sus circuitos de venta y circulación, el consumo de “objetos de tendencia”, los cambios tecnológicos, el contexto socioeconómico, entre otras variables ponen a prueba conocimientos y habilidades, proponiendo a los diseñadores, profesionales y aficionados, nuevos desafíos.
El servicio de Sesiones de Proyecto, ha sido diseñado a partir de una mirada reflexiva sobre la auto-producción de viviendas en nuestra región. Se estima que más del 70 % de las viviendas son auto-producidas por sus habitantes en una lógica que más o menos se delinea asi:
FASE 1: El proceso de autoproducción del hábitat, parte de una necesidad, seguida por “cataratas de ideas”. Una situación de incomodidad comienza a manifestarse requiriendo: funcionalidad, iluminación, ventilación, amplitud, seguridad, cambio de destino, nuevos requerimientos del espacio, entre otros aspectos.
FASE 2: Toda idea se sostiene materialmente con recursos. Comienza entonces a gestionarse recursos, ahorro de capital, tramitación de préstamos, entre otras estrategias. En esta fase suele comenzar el “acopio” de materiales para “congelar” los precios, debido a la fragilidad de nuestra economía. Cabe señalar que este proceso se realiza sin cómputo previo, o con uno muy “estimativo”.
FASE 3: Definición experimental, aproximada, a prueba y error de un bosquejo de “hasta acá”, “por acá”, “1 metro más”, “subile”, “bajale”, etc., etc... Con estos criterios se delinean ampliaciones, refacciones, refuncionalizaciones, “decoraciones”, diseño de interiores, etc. En las observaciones se releva que se relegan aspectos como seguridad, confort, rentabilidad inmobiliaria, cumplimiento de reglamentaciones vigentes, entre otros importantes puntos.
FASE 4: Contactar a un contratista u oficiales albañiles para presupuestar las propuestas. En esta fase básicamente se busca “buen precio” más que calidad o una propuesta clara de contratación, que termina impactando en la calidad del espacio que se produce y en la calidad de vida de quienes lo habitan.
FASE 5: Asistir a las casas de materiales de construcción para elegir materiales. Todo autoproductor que se precie de tal recorre minuciosamente las casas de materiales, aprovecha ofertas, promociones, liquidaciones. En este proceso se termina de configurar y definir el diseño, más ligado a estas oportunidades que a cualquier otra dimensión del problema habitacional en concreto.
FASE 6: Proceso de materialización de las ideas. Con intuición, garra y suerte el auto-productor construye su morada. La producción del hábitat y su diseño quedan condicionados a las habilidades de quienes ejercen las acciones cotidianas, y librados a las limitaciones de los escasos y muchas veces inaccesibles ámbitos de discusión o experimentación en esta área.
Estas fases evaden la contratación de profesionales y técnicos por considerar que dichas tareas responden a decisiones lógicas y que pueden ser llevadas adelante por los usuarios, pues ¿quién sabe más que uno mismo, sobre cómo vivir mejor?. La pregunta que entonces cabe, para llevarnos a la reflexión es ¿Cuánto mejoraría el proceso con asesoramiento profesional?.
El punto fundamental tiene que ver con los intereses. El profesional se ocupa de velar por los intereses del usuario, en cuanto a proyecto y dirección de obra; mientras que el contratista, el albañil, el comerciante, y otros integrantes de la cadena productiva, ganan por beneficio y por el mayor gasto. Por otra parte cabe señalar, que cuando hablamos de producción de viviendas además debemos ser conscientes de que estamos produciendo territorio, ciudad, comunidades, redes, estilos de vida, cotidianeidad, y es allí donde los profesionales materializan el valor agregado.
En este sentido los profesionales capacitados, dentro de éstos estandarizados procesos informales, inciden esporádicamente. A su vez los procesos formales de contratación por proyecto y dirección de obra plantean elevados honorarios para el comitente y desde la perspectiva profesional bajos honorarios por tareas interminables de cuyo beneficio se lleva gran parte el sistema tributario, sin contar las responsabilidades técnicas y civiles que se contraen en una obra. La brecha está planteada y divorcia dolorosamente a los profesionales de los vecinos.
Cada lugar, se constituye con su particular impronta. Comprender sus características y realizar diagnósticos, facilita todas las decisiones y acciones posteriores que hacen al acto de habitar el espacio y lo que se quiere lograr con el. En un proceso el concepto se materializa, interpelándonos a través de todos los sentidos: táctil, visual, olfativo, auditivo y en muchos casos gustativo: un objeto habitable. Es fundamental un reconocimiento minucioso de las características del espacio en donde se va a intervenir, entender su arquitectura, su entorno, sus destinatarios y los factores que interactúan en la creación de esa atmósfera como preexistencia, de la que nos apropiamos para mantener, transformar u ocultar en beneficio del mensaje espacial y sensitivo que queremos transmitir.
Planteado el problema, las Sesiones de Proyecto, se constituyen en un espacio de intervención para beneficio mutuo del usuario y el profesional: Asesoramiento en cualquier parte del proceso para quienes no contaban con ese servicio y trabajo comprometido y remunerado para profesionales y técnicos.
________________________________________ María José Kiszka.
// Arquitecta y Operadora en Psicología Social*. Docente e Investigadora de la FAU-UNNE. Capacitación. Consultora. // Directora en KISZKA arquitectura y en DISRUPTIVA laboratorio // Diseño de objetos, espacios y servicios. // Maestranda en Antropología Social en el Programa de Posgrado en Antropología Social (UNAM). // Maestranda en Gestión y Desarrollo de la Vivienda Social (UNNE).
mariajosé[email protected] I cel. 3624-261185 I Resistencia-Chaco.