26/05/2026
Enero de 2018 arrancó con una certeza: habíamos encontrado EL lugar. Era un galpón sobre el Boulevard Alvear que funcionaba como taller mecánico, con fosa y todo! Cualquiera hubiera salido corriendo al ver esas cuatro paredes de ladrillo y el techo de chapa, pero a nosotros nos encantó. Tenía ese 'no sé qué'. Lo reservamos para empezar en marzo.
Apenas nos lo entregaron, arrancamos. Hicimos una división de chapa y hierro estilo industrial, instalamos lámparas galponeras, construimos un baño y despejamos el exterior. De a poco, ese espacio áspero y crudo empezaba a tener identidad.
Pero a mediados de marzo, la vida nos metió un giro: a Nico le surgíó una propuesta en el campo y sintió que su vocación también pasaba por ahí. Era su camino, y estaba bien que lo siguiera.
Y los planes cambiaron.
De repente me encontré con un galpón enorme, la obra a mitad y un sueño que pedía una nueva forma. Sin el guión que habíamos imaginado, pero con las mismas ganas.
No sabía con claridad qué iba a surgir de esas paredes de ladrillo. Pero senía —con una convicción rara y fuerte— que algo lindo iba a nacer ahí.
¿Alguna vez un plan perfecto les cambió de la noche a la mañana? ¿Se animaron a seguir adelante igual?