27/07/2026
Rumi nació de unos hilos de algodón, un par de ojitos, dos agujas y una puntada tras otra. Pero, sobre todo, nació del corazón.
Mientras la tejía, pensaba en la niña que algún día la recibiría entre sus brazos. Cada puntada estuvo llena de amor, ternura, ilusión y gratitud. Ver cómo Rumi iba tomando forma también llenó mi corazón de creatividad, de inspiración y de alegría.
Sé que hoy Rumi ya tiene un hogar, y deseo que acompañe a esa pequeña durante muchos años, que escuche sus secretos, abrace sus sueños y sea parte de sus recuerdos más bonitos.
Porque tejer no es solo crear con las manos; es compartir tiempo, amor y un pedacito del corazón en cada puntada.
Tamborilo
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