13/10/2026
Girona, una ciudad que se disfruta con todos los sentidos. 🇪🇸
Hay ciudades que enamoran por su arquitectura, otras por su gastronomía, sus paisajes o el ambiente de sus calles. Girona tiene un poco de todo, y eso fue precisamente lo que más me gustó.
Caminar por su casco histórico es viajar a través de los siglos. Sus callejuelas medievales, las escalinatas de piedra, la imponente Catedral, el antiguo barrio judío y las casas de fachadas coloridas que se reflejan en el río Onyar crean una ciudad de una belleza muy particular.
Pero Girona no vive solamente de su pasado. Me encantó descubrir una ciudad elegante, dinámica, llena de vida, donde conviven pequeñas tiendas de diseño, boutiques de lujo, comercios tradicionales y terrazas que invitan a sentarse y disfrutar del ambiente.
Y, por supuesto, está la gastronomía, que para mí siempre es una parte esencial de cualquier viaje. Aquí disfruté de un delicioso suquet de peix, un guiso tradicional de pescado y mariscos, muy vinculado a la cocina de los pescadores de la Costa Brava. De esos platos que cuentan también la historia de un territorio.
Y para completar la experiencia, los helados de Rocambolesc, la original heladería creada por Jordi Roca y Ale Rivas, donde la creatividad de la alta pastelería se convierte en un pequeño placer que también merece su parada.
Me gustó especialmente esa relación tan natural entre la ciudad y su paisaje: el río, los puentes, las murallas, los jardines y las vistas de los tejados que se extienden hacia las montañas. Y también su ritmo cotidiano, la gente paseando, las tiendas, los cafés, esa mezcla de historia y modernidad que se siente a cada paso.
Girona es una ciudad para caminar sin demasiados planes, detenerse en los detalles, descubrir rincones, entrar en alguna tienda, disfrutar de una buena comida y dejarse sorprender.
Me llevo sus imágenes, sus sabores y esa sensación tan agradable de haber conocido un lugar donde la historia, la belleza y la vida cotidiana conviven con absoluta naturalidad.