24/09/2024
Tejedora del Toquilla.
Este será el poema al silencio de la noche.
Será el canto a la tristeza.
La ofrenda a las lágrimas en la soledad.
Al dolor que es el alma del tejido.
Los dedos repasan sus huellas en la hebra fina que se pierde y aparece luego como con miedo de ofrecer en venta la tragedia de sus manos. Se vende la amargura y se vende la vida y se vende la salud.
Existencia, palpitar de un corazón atormentado es el que sale a las ferias, disfrazándose con la careta blanca del toquilla autóctono. Negras horas de soportar la obsesión del tejido, el crujir de las hebras, la docilidad de las fibras, son las que toman forma de prenda ornamental para las cabezas que acaso no piensan que se coronan con frutos de pena.
Frutos de exportación que crecieron al frío de las veladas huérfanas de pan.
Que se alimentaron con silencios de noche arrabalera.
Que germinaron con lágrimas que trueca la soledad en oro reluciente para los comerciantes de la pesadumbre ignota
Tejedora del toquilla, tejedora de la propia penitencia.
En la media noche hay sollozos y quejidos.
En el antro penumbroso hay guiños de muerte que intensifica el cirio amarillento y lóbrego.
En lo recóndito del aposento se ahogan reclamos de un niño.
En los ángulos de la habitación humilde se pierde el eco de los suspiros.
Y las paredes negras y las puertas herméticas y los cielorasos amenazantes se estrechan en empeñosa perversidad evitando la entrada de la luz, alejando el aire redentor de los pulmones desgarrados.
Cobijados de oraciones están los ruinosos tapiales.
Llorando ensueños que nunca anidó, la almohada del lecho pobre y endurecido.
La puerta que da a la calleja oscura, cruje al viento que se estrella entonando la canción de la imposible terapéutica.
Y adentro, arrodillada ante el candelero deficiente, está la tejedora, viendo con avidez el prodigio que integran sus manos.
Están unos ojos abiertos a la esperanza del pan de cada día.
Están unas retinas copiando eternamente la ·paradoja del toquilla. Están unos dedos vibrando al milagro de las fibras del trópico.
Esta un corazón, como un incensario, quemándose de amor al rectilíneo trabajo y a la acrisolada acción.
La conciencla, ajena al vértigo del mundo.
Mu**ta la pasión para la pasión humana.
Purificado el espíritu al silicio dé la pobreza que atormenta la carne. Se alaba y se ama a Dios sin el deseo enfermo de los bienes temporales.
Se espera y se cree en el Premio Eterno.
Y por eso se sufre en el silencio y se inhibe en el olvido.
Tejedora del toquilla, tejedora de la propia penitencia .
Tejedora del toquilla, tejedora de la propia red que esclaviza el cuerpo.
Tejedora del toquilla que vende su congoja a quienes alardean de felices coronándose, sin saberlo, con frutos de pena y acíbar.
Tejedora del Toquilla en Eriteia. Magistral obra de Luis A. Moscoso Vega. 1942.
Sombreros y Paja Toquilla en María Auxiliadora, Cuenca.
Ca.1980
Fotógrafo Fabián Peñaherrera C.
Archivo y Colección Fabián Peñaherrera C. para
R-PFHC- Proyecto Fotografía, Historia y Color.
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