08/12/2025
Ahí lo tenéis... aguantando el calor. 🔥
Ese “bicho” que se ve al fondo, detrás de las llamas, es un botijo de filigrana de 80 centímetros.
Os digo una cosa: darle forma tiene su miga, sí... pero lo que de verdad nos quita el sueño es meterlo ahí dentro.
Imaginaos mover casi un metro de barro crudo. Pesa, está delicado y, lo peor... quiere doblarse. La gravedad no perdona. Mantenerlo recto como una vela mientras lo cargamos en el horno es pura tensión.
Un mal apoyo, un movimiento brusco al colocarlo... y adiós a la pieza. Además si entra torcido, los 900 grados de bizchochado se encargan de exagerarlo.
Por eso estas locuras no se pueden hacer solo.
Aquí estamos mi padre y yo. 4ª y 5ª generación, mano a mano.
Sujetando, midiendo y cruzando los dedos. Porque mantener la tradición no es solo hacer lo de siempre, es atreverse con estas piezas gigantes que ya solo nos atrevemos a hacer nosotros.
A ver cómo sale cuando enfríe. 🤞
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