09/06/2026
Construimos esta casa sobre una certeza: toda ruina tiene algo que decirnos. No la ruina como deterioro, sino como fragmento de algo mayor, como porción de una historia que existió antes que nosotros y que merece continuar.
ALCOR 30 se encarama al desnivel del terreno en Almerimar aprovechando cada cota para abrir vistas únicas hacia la costa de Almería. La topografía no era un problema a resolver: era el punto de partida del proyecto.
El concepto de ruina habitada lo impregna todo, desde la escala hasta el detalle. Los muros de hormigón armado, expuesto y monocromo, configuran una masa que no revela su programa interior. Las aberturas perforan esa masa sin seguir ningún patrón: un óculo de escala inesperada convive con una ranura estrecha, un balcón aparece donde no se anuncia. El edificio sugiere algo inacabado, o mejor dicho, algo que fue y sigue siendo.
Dentro de esa masa gris trabajamos con doce tipos de materiales pétreos distintos —mármoles, calizas, granitos— tratados como gemas repartidas por la casa. Cada baño tiene el suyo propio. La escalera, el comedor, la cocina, la piscina: cada espacio tiene su piedra, su carácter, su historia anterior. Las barandillas recuperadas de un edificio histórico, las carpinterías de madera trabajada, la barandilla de latón: ninguna pieza se repite, ninguna pretende ser nueva.
El agua y la vegetación hacen el resto. La piscina vierte el agua a través de gárgolas como si fuera una fuente antigua. Las cubiertas ajardinadas se colonizan poco a poco. El tiempo trabaja a favor de este proyecto: cuanto más crezcan las plantas, más verdadero se vuelve el concepto. ALCOR 30 no estará terminada nunca del todo, y eso es exactamente lo que buscábamos.
Todas las instalaciones están integradas en los propios muros de carga. No hay falsos techos, no hay elementos añadidos. La arquitectura es también la técnica.