10/09/2026
Un cañón se forma a través de un proceso de erosión extremadamente lento y constante, en el que un río, a lo largo de un periodo que puede extenderse durante millones de años, va desgastando gradualmente la roca sobre la que fluye repetidamente.
El agua por sí sola no sería particularmente efectiva para desgastar roca sólida, pero el sedimento y las partículas de roca que el río arrastra en su corriente funcionan como una especie de lija natural, raspando gradualmente el lecho rocoso cada vez que el agua fluye sobre él.
Con el paso de un tiempo geológico considerable, este desgaste constante profundiza progresivamente el cauce en prácticamente el mismo punto geográfico, mientras que la lluvia y el viento contribuyen adicionalmente a ensanchar las paredes laterales del cañón que va formándose.
Las distintas capas de roca visibles en las paredes de un cañón profundo revelan, a quienes las estudian, información sobre distintos periodos geológicos de la historia de esa región, ya que cada capa se depositó originalmente en un momento distinto, mucho antes de que el río comenzara siquiera el proceso de erosión que finalmente expuso esas capas a la vista.