02/09/2026
Nunca me he caracterizado por aprender para copiar. Creo que esa es una de las cosas que más me definen como artista: mi necesidad constante de aprender, de descubrir, de preguntarme cómo se hacen las cosas y, sobre todo, qué podría hacer yo con todo aquello que aprendo.
Porque para mí aprender nunca ha sido repetir. Aprender es abrir una puerta.
Me apasiona conocer técnicas, no solamente dentro del mundo de la creación de muñecas, sino en todas las corrientes artísticas que se cruzan en mi camino. La pintura, el dibujo, el hiperrealismo, la escultura, las telas, las texturas, los materiales… Todo despierta algo en mí.
He aprendido a trabajar con resina, porcelana en diferentes versiones, telas y muchos otros materiales. Pero nunca con la intención de hacer exactamente lo mismo que alguien más. Yo necesito entender. Necesito saber cómo funciona una técnica, qué posibilidades tiene, hasta dónde puedo llevarla y, entonces, mi cabeza comienza a hacer lo suyo. Hace clic.
Y aparece una pregunta. ¿Y si esto lo combino con aquello? ¿Y si utilizo esta técnica de una manera diferente? ¿Y si consigo que una pieza encaje con otra? Y detrás de una pregunta aparece una idea. Y detrás de esa idea, otra. Así funciona mi mente.
Para mí, aprender diferentes técnicas es como ir recogiendo pequeñas piezas de un gran puzle. Algunas pertenecen a la pintura, otras al dibujo, otras a la escultura, al hiperrealismo o al trabajo textil. Y un día, casi sin esperarlo, mi mente encuentra la manera de unirlas, de combinarlas, de transformarlas, de hacer algo que antes solo existía dentro de mi cabeza.
Y fue precisamente de esa manera como nació mi pequeña Alba. Alba no nació de la intención de copiar algo que ya existiera. Tampoco nació de seguir una técnica concreta paso a paso. Alba nació de una pregunta, de una imagen que comenzó a dibujarse en mi cabeza y de la necesidad de descubrir si todo aquello que imaginaba podía realmente hacerse realidad.
Después de años aprendiendo técnicas diferentes, trabajando con materiales distintos y explorando otras corrientes artísticas, llegó ese momento en el que mi mente volvió a hacer clic. Me pregunté: ¿qué puedo hacer con todo lo que he aprendido?
¿Podría llevar el hiperrealismo, algo que había aprendido observando, estudiando y experimentando, al rostro de una muñeca textil? ¿Podría aplicarlo también a su cuerpo? ¿Podría combinar técnicas que, aparentemente, pertenecían a mundos diferentes y conseguir que convivieran en una sola creación?
Y entonces comenzó Alba. No sabía exactamente cómo hacerlo. Sabía lo que quería ver. Podía imaginarla en mi cabeza, pero entre imaginar algo y conseguir crearlo con las manos existe un camino lleno de pruebas, errores, cambios y nuevos aprendizajes.
Alba fue precisamente ese camino. Fue probar una técnica y descubrir que necesitaba otra. Fue preguntarme cómo conseguir una textura, una expresión, una profundidad, una sensación determinada. Fue unir conocimientos que había adquirido en momentos completamente diferentes de mi vida artística y hacer que, poco a poco, comenzaran a encajar.
Una técnica llevó a otra. Una pregunta llevó a una respuesta. Y una respuesta volvió a generar una nueva pregunta. Así, poco a poco, Alba comenzó a existir.
Quizá, a primera vista, no se note todo lo que hay detrás. Quizá muchos digan: «Eso es IA». Pero no.
Alba es el resultado de combinar técnicas complejas y diferentes, de aplicar conocimientos de hiperrealismo a su rostro y a su cuerpo y de llevarlos a un terreno completamente distinto: el de una creación hecha desde mis propias manos.
Alba es aprendizaje convertido en creación. Es curiosidad convertida en técnica. Es una idea que durante mucho tiempo solo existió dentro de mi cabeza y que, después de mucho investigar, probar, equivocarme, volver a empezar, combinar e innovar, terminó convirtiéndose en algo real.
Porque esa es siempre mi pregunta: ¿Qué puedo hacer con esto? Y cuando encuentro la respuesta, comienza la magia.
No se trata solamente de aprender una técnica. Se trata de descubrir qué puedes hacer con ella cuando la mezclas con otra, cuando rompes los límites establecidos, cuando te permites experimentar y cuando dejas que tu imaginación tenga espacio para crear.
Y quizás eso es lo que más me emociona de Alba. Porque Alba no apareció de la nada. Alba nació de años de aprendizaje, de curiosidad, de muchas preguntas y de una necesidad constante de descubrir hasta dónde podía llevar todo aquello que mis manos y mi mente habían aprendido.
Fue primero una imagen en mi cabeza. Una idea. Algo que podía ver, pero que todavía no sabía exactamente cómo hacer. Pero aprendí. Probé. Me equivoqué. Volví a empezar. Combiné. Innové. Y poco a poco, aquello que solo existía en mi imaginación comenzó a tomar forma.
Hasta que un día…Se hizo realidad.
Y eso es, quizás, lo que más amo de crear con mis manos. Que a veces una idea parece imposible. Pero sigues aprendiendo. Sigues buscando. Sigues preguntándote. Y un día miras aquello que tienes delante y piensas: Lo vi primero en mi cabeza… y ahora existe.