03/12/2025
Lección del tiempo
Taller de Diogenes
Basta ya de esos románticos del aserrín!
De esos que todavía acarician tablones de pino como si fueran reliquias sagradas, que hablan del cedro con voz de misa y del encino como si en su veta corriera la sangre de los dioses. ¡Ridículos! El mundo cambió y ellos siguen afilando gubias como si tallaran un arca para Noé.
Nosotros, los del tablero recto y la superficie perfecta, los que dominamos el canto y la bisagra invisible, somos los verdaderos hijos del siglo XXI. Trabajamos con precisión milimétrica, sin n**os, sin deformaciones, sin esos caprichos que la madera natural llama “carácter”. ¡Carácter! —dicen— cuando en realidad es defecto, imprevisión, tiempo perdido.
Se enorgullecen del olor del pino, pero yo me quedo con el orden del diseño; con la exactitud fría y limpia del corte en melamina, donde cada mueble es un cálculo, no un poema inestable. ¿Acaso el arte se mide por el aroma? ¿Por la savia que chorrea en los dedos? No, señores: el arte hoy se mide por la eficiencia, por la línea sin error, por la entrega a tiempo.
Que sigan ellos soñando con bosques y tradiciones; nosotros construimos hogares reales. Que sigan tallando santos de madera; nosotros fabricamos cocinas que duran más que sus nostalgias.
El futuro no huele a cedro. Huele a progreso, a resina sintética y a precisión.
---Hablan de progreso los que nunca han escuchado el quejido de un tronco al partirse!
Se llenan la boca con palabras como “precisión” y “eficiencia”, pero no saben lo que es comprender la voluntad de la veta, ni sentir cómo el pino responde al filo de la garlopa.
Dicen que el futuro está hecho de tableros fríos y uniformes… y tal vez tengan razón: el futuro que ellos construyen no tiene alma.
Porque la melamina no envejece: se despega.
No respira: se hincha.
No huele: se pudre en silencio bajo su propio barniz artificial.
¿Y eso llaman progreso? ¡Eso es cobardía disfrazada de modernidad!
Nosotros, los que aún manchamos el delantal con resina y polvo de encino, no hacemos muebles: damos forma a lo que un día fue bosque, viento y raíz. Cada n**o es una historia; cada grieta, una lección del tiempo. Y mientras ellos atornillan piezas sin alma, nosotros seguimos dialogando con la naturaleza.
El oficio no está en la máquina, sino en la mano que sabe cuándo detenerla.
El arte no se mide por la exactitud del corte, sino por la vida que respira en lo que se crea.
Dejen que su melamina brille bajo la luz blanca del taller: yo me quedo con la sombra tibia de la madera, con su olor, con su verdad.
Porque cuando el progreso se olvida del alma, lo único que construye son cajas vacías.
-JVC-