10/08/2022
Hoy cumplimos 25 años.
Aquellas mujeres jóvenes con hijos adolescentes y pequeños que nos aventamos a la sierra, al desierto, a los valles de Sonora sin miedo y con mucho entusiasmo, hoy somos abuelas y nos damos cuenta que a lo largo de esos años, mantuvimos muy claro y en firme nuestro objetivo; apoyar la cultura indígena de Sonora.
Nuestro nombre lo indica: Lutisuc, luna en conjunción. Mujeres trabajando junto con mujeres indígenas artesanas, junto con ellas, no para ellas, en una relación horizontal en la que ellas nos enseñaban, nosotras también les enseñábamos y ambas partes aprendimos.
Desde el inicio de ese recorrido buscamos encontrar una artesanía propia que reafirmara la identidad de cada pueblo, o bien reforzara la que ya tenían, una artesanía con rostro propio. Así nació el programa “Bordando una identidad”, que enseñaría a las mujeres artesanas pimas a bordar los dibujos que se encuentran en sus cuevas, con diseños originales y materiales orgánicos de primera calidad; a las mayos/ yoremes del Valle a bordar algunos de los numerosos petroglifos que se encuentran en las rocas al margen del río Mayo. Las mujeres kikapú, aprendieron a bordar en chaquira los diseños tradicionales de sus ancestros guerreros y las guarijíos bordaron piezas nuevas, en su tradicional punto de cruz, la flora que rodea su hábitat. A los y las artesanas de los otros pueblos, les ayudamos a mejorar su calidad y sobre todo a dar difusión y comercialización justa a su trabajo. Con los niños de las comunidades les enseñamos a contar sus leyendas, a expresar su sentir, a dibujar sus danzas por medio de lienzos y grandes murales; a los niños de la ciudad les acercamos las ceremonias tradicionales yaquis de Cuaresma y Semana Santa para que desde pequeños las conocieran y las valoraran. Y así, aspectos nuevos de la cultura indígena de Sonora se empezaron a conocer más allá de sus fronteras, puntualizando la importante labor que las artesanas realizaban, fomentando entonces, el orgullo y reconocimiento de su trabajo, como pieza clave en la construcción social de su identidad cultural. Nos comprometimos con ellas a buscarles nicho de mercado para sus artesanías, a encontrarles un comercio justo que les ayudara en su difícil situación económica.
En estos 25 años vimos crecer a niños y niñas de las comunidades, y pudimos constatar la transición de pequeñas niñas risueñas y juguetonas ahora como artesanas comprometidas con su labor; apadrinamos, nos hicimos comadres, comimos juntas y también durmieron en ocasiones en nuestras casas cuando visitaban la ciudad de Hermosillo. Se creó un vínculo emocional más allá del profesional que, de alguna manera, nos hacía sentirnos en familia.
Al cabo de estos 25 años nos sentimos contentas, verdaderamente agradecidas. Pusimos mucho corazón, ganas tiempo y recursos, para sentir que nuestro esfuerzo era verdaderamente sincero y en plena sintonía con nuestras convicciones y objetivos trazados, y reconocemos también que sin el apoyo de nuestras familias, voluntarias, colaboradores y la sociedad en general que acogió la nueva artesanía no hubiera sido posible.
Hoy que cumplimos 25 años solo podemos decir GRACIAS ¡¡¡¡¡