01/10/2026
Hay una idea sobre liderazgo que cada vez me hace pensar más:
quizá comenzamos a influir mucho antes de darnos cuenta.
No cuando recibimos un título.
No cuando alguien empieza a seguirnos.
Ni siquiera cuando decidimos enseñar algo.
Puede comenzar mucho antes.
En la manera en que llegamos.
En cómo tratamos a una persona que no puede ofrecernos nada.
En si cumplimos aquello que prometimos.
En cómo reaccionamos cuando cometemos un error.
En nuestra disposición para escuchar.
En la forma en que hablamos de alguien cuando esa persona no está presente.
En aquello que hacemos bien aunque nadie vaya a reconocerlo.
Son pequeñas conductas.
Y muchas veces ni siquiera pensamos que alguien las está observando.
Pero las personas aprendemos unas de otras constantemente.
Por eso hoy quiero comenzar octubre con una pregunta diferente.
No:
“¿Cómo puedo convertirme en una persona influyente?”
Sino:
“¿Qué influencia estoy generando ya con mi manera cotidiana de actuar?”
Porque influencia no significa conseguir que otras personas hagan lo que yo quiero.
También puede significar que después de coincidir conmigo alguien encuentre un ejemplo de respeto, responsabilidad, servicio, serenidad o crecimiento que le resulte útil.
Y eso me recuerda algo importante:
No necesito esperar a sentirme completamente preparada para cuidar aquello que estoy dejando a mi paso.
Puedo comenzar hoy.
Si quiero hablar de respeto, practicarlo.
Si quiero enseñar responsabilidad, cumplir.
Si quiero desarrollar personas, aprender primero a escucharlas.
Si quiero hablar de crecimiento, continuar creciendo.
Tal vez ahí comienza una forma mucho más sencilla de entender el liderazgo:
vivir de manera congruente con aquello que algún día queremos compartir con otros.
Tu influencia comienza mucho antes de que intentes liderar.
— Sony Alfa