20/09/2025
Las olas susurran secretos a la orilla,
y el viento los lleva entre los pliegues de la seda,
como si el vestido mismo recordara al océano.
Cada paso deja una huella fugaz en la arena,
una danza entre la libertad y la quietud,
entre el cuerpo y el horizonte infinito.
La tela se mueve como el agua —fluida, sin esfuerzo—
recordándome que la elegancia también puede ser salvaje,
que la suavidad puede contener poder,
y que la belleza no está en la perfección,
sino en la forma en que el alma se siente cuando es libre.
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