08/11/2025
La paleta terrosa, dominada por ocres y sepias, evoca la atemporalidad de frescos ancestrales, anclando el dolor y la desesperación en un contexto histórico universal. Las figuras femeninas, con sus bocas abiertas en una expresión gutural y muda, sostienen y se rodean de semblantes fantasmales o esqueléticos, sugiriendo un ciclo ineludible de vida, pérdida y memoria ancestral.
El artista no teme explorar la dimensión más visceral de la existencia. Es un estudio sobre el lamento colectivo, la fragilidad de la carne y el peso conceptual de las generaciones pasadas. La yuxtaposición de este tableau de intensidad emocional con la fría funcionalidad del mobiliario urbano y la prisa de la calle crea un diálogo filosófico fascinante:
¿Qué es real? ¿Lo que vemos o lo que sentimos?