21/05/2025
Qué bonito es recordar mediante las charlas y las pláticas de los abuelos, las viejas historias, las leyendas, las antiguas tradiciones de nuestros pueblos y de sus alrededores. Historias que escuchábamos sentados alrededor del Tlecuitl (fogón) después de cenar.
Recuerdo cuando niño que en muchas reuniones, las abuelas y los abuelos hablaban del tiempo en que muchas personas eran muy pobres, que no tenían ni para huaraches y que tenían que esperar a que saliera el sol para calentar sus pies descalzos, pero que a base de trabajo y de esfuerzo, lograron tener una mejor situación. De mujeres que quedaron solas y aún así sacaron adelante a sus hijos, de los jóvenes con un gran futuro que se echaron a la perdición por culpa del vino.
También, recuerdo cuando platicaban de las leyendas de que aparecía la sirena en la laguna de Almoloya del Río, de el charro con sus espuelas de oro montado en un caballo negro que aparecía en los caminos y veredas del monte en San Lorenzo Huehuetitlán, de las bolas de fuego que se veían por las noches y que brincaban de la punta de un árbol a otro en las ocotaleras de las laderas muy cerca del pueblo.
Historias sorprendentes donde a tal persona "le dió el rayo" y vivió para contarlo, de la señora que era partera y que además hacia limpias y sabía acomodar los huesos. De cuando iban a sacar en baldes de madera agua de los pozos, de que iban al monte a cortar la leña, de cuando hacían adobes para construir sus casas, de las personas que sembraban a "tapapíe" y que muchas personas hablaban en mexicano (náhuatl).
Del famoso tianguis de trueque de Santiago Tianguistenco en donde se cambiaba la leña por carne, frutas y verduras, de cuando las señoras Iban al molino a moler el nixtamal para hacer las tortillas.
De los días de la fiesta del pueblo en que hacían, mole, arroz, pollo y tamales. Era el día que pintaban con cal las paredes de las casas.
De las calles empedradas y que adornaban a lo alto con tiras de papel picado. Del día del estreno de ropa y zapatos nuevos, de las danzas, de los cohetones, toritos y castillos, de las bandas que amenizaban con música alegre en el quiosco de la plaza.
Viejas tradiciones e historias que solo quedaron en la memoria, en las pláticas que nos comparten ellos, los abuelos y abuelas, nuestras personas grandes.
Texto: ©️ Marco Antonio Olguín Sánchez (Derechos Reservados) para la página Orgullo Mexicano.
Fotografía: Graciela Iturbide.