06/18/2026
Hay algo en un refrán de Oshe Juani (Oshe Niwo) que siempre me ha hecho detenerme y mirarme por dentro, porque encierra una verdad que hoy más que nunca necesitamos recordar:
"Es mejor no comprometerse que hacer promesas sin cumplirlas”.
Quiero conversar con ustedes porque vivimos tiempos en los que las palabras se pronuncian con una ligereza preocupante. “Cuenta conmigo”, “yo te ayudo”, “yo nunca te voy a abandonar”, “eso está resuelto”, “déjamelo a mí”… frases que se dicen con facilidad, pero que muchas veces se desvanecen cuando llega el momento de responder.
Después se preguntan por qué pierden credibilidad, por qué nadie confía en ellos y por qué el iré no acaba de asentarse.
Porque en Ifá la palabra no es un juego. La palabra tiene ashé. La boca puede bendecir, pero también puede condenar. Y Oshe Juani nos deja una enseñanza clara: si no vas a cumplir, mejor no prometas; si no puedes asumir una responsabilidad, no empeñes tu nombre en vano.
Y aquí es donde me gustaría que reflexionáramos juntos sobre algo que nos toca a todos.
¿Cuántos matrimonios se han destruido por promesas vacías?
¿Cuántos padrinos abandonaron a sus ahijados después de jurar que estarían para ellos?
¿Cuántos hijos fueron decepcionados por padres que prometieron y nunca cumplieron?
¿Cuántas personas ofrecen ayuda, amistad o amor, pero solo mientras les conviene?
Y después quieren respeto.
No, mi hermano o hermana.El respeto no se exige, se gana. Y una de las formas más rápidas de perderlo es faltar a la palabra dada.
Por eso Oshe Juani no nos invita a comprometernos con todo el mundo. Nos enseña que es preferible decir “no puedo”, “no estoy listo” o “no me comprometo”, antes que prometer y fallar.
Y quiero cerrar con algo que quizás incomode, pero merece ser dicho: las heridas más profundas muchas veces no las dejan los enemigos, sino quienes un día nos miraron a los ojos y nos aseguraron que nunca nos fallarían.
Por eso quiero que este espacio sea una conversación sincera y sin máscaras.
Cuéntenme en los comentarios: ¿qué promesa incumplida les marcó la vida? ¿Quién les falló cuando más lo necesitaban? Y siendo completamente honestos, ¿a quién sienten que ustedes mismos le quedaron debiendo una palabra?
Compartan sus experiencias, aunque sean dolorosas, porque muchos se verán reflejados en ellas y de ahí puede surgir un debate necesario.
Y también quiero saber algo que seguramente generará opiniones encontradas: ¿estamos viviendo una época donde la gente promete demasiado y cumple muy poco, o creen que esto siempre ha sido así y simplemente ahora se nota más?
Los leo. Y no tengan miedo de discrepar, porque a veces las conversaciones más incómodas son las que más nos obligan a mirarnos por dentro.
Ilé Olofin
La verdad no se negocia en Ifá